domingo, 22 de agosto de 2010

Comentario a propósito sobre la felicidad

Un artículo que leía hace un rato se titulaba "La felicidad si se compra" (ver aquí), cuyo resumen decía "Recientes estudios demuestran que el dinero por sí solo no garantiza la satisfacción plena. La clave para conseguirla es la forma como se gasta". Demos un paso atrás, ¿de dónde ha salido la idea que el la acumulación material es la fuente de la felicidad? Hasta donde mi entender, ese es el discurso económico que buscaba inspirar a las naciones industriales al desarrollo de "su poderío económico"... se prometía que todas las ventajas productivas adquiridas con la revolución industrial, ahora serían afianzadas en pro del crecimiento económico, de la riqueza... de la felicidad. Claro, desde el siglo XVII ya venían con el cuento de la riqueza y el poder comercial. Así que la idea no es muy novedosa, sólo se rellenado y alterado con el paso del tiempo y el desarrollo de las sociedades. Si en los siglos XVII y XVIII (por no decir, desde muuucho antes) se pensaba en términos colectivos, el tiempo y el desarrollo industrial han llevado tal ideal a términos individuales, e inclusive, egoístas. Si antes se tomaban por ideal la felicidad de todos, el bienestar general... ahora pensamos "mi felicidad", "ser feliz yo"

Retomando el artículo, en el primer párrafo se afirma: "(...) en la práctica los estudios demuestran que el nivel de felicidad de los ricos no es mucho más alto que el de los más pobres". Esta sentencia puede entenderse en dos direcciones: a) los "ricos" pueden estar en grados casi similares de insatisfacción que los "pobres"; b) los "pobres" se sienten casi igual de satisfechos que los "ricos". Y ambas se pueden pensar por cuanto las medidas sobre felicidad suelen formularse o bien en términos positivos (satisfacción) o en términos negativos (insatisfacción). Y cabe la aclaración: no pueden interpretarse sus resultados como equivalentes.

Entonces, ¿qué determina que un grupo, o individuo sea se considere "más feliz"? Según el artículo, la respuesta está en cómo se invierten los ingresos, específicamente, en la "adquisición" de experiencias, no en objetos. Con respecto a esto, los estudios sociológicos sobre el consumo señalan al unísono: la sociedad moderna ya no vende simples productos, sino que ofrece experiencias, identidades, ideales, y sueños. Entonces, la diferencia no es tan significativa como se piensa. Bajo el escenario donde "todo" es comercializable", la diferencia entre pagar por un evento y por un objeto se reduce a ser sujeto activo o pasivo y la duración del consumo, pero ambos se entienden como productos en el mercado.

Ahora bien, entremos en el terreno espiritual. El Buddha reconoció la felicidad que podía derivarse de los objetos sensuales (kamasukha o samisasukha), pero animó a todos a la consecución de un nivel "superior": vimuttisukha, la felicidad independiente de los objetos sensuales, ligada a niramisasukha. No obstante, el Buddha habla sobre la felicidad (mundana) que puede derivarse de la riqueza, la libertad de deudas, el trabajo, la seguridad económica y la generosidad (Ver: AN 4.60 Gihisāmīci Sutta, AN 8.54 Vyagghapajja (Dighajanu) Sutta, AN 8. 55 Ujjaya Sutta).

En esta dirección, el punto de partida para entender porque “ricos” y “pobres” pueden tener niveles similares de “felicidad”, es la comprensión de dukkha y su causa: el deseo producto de la ignorancia. Una ignorancia basada en la escaza comprensión sobre el verdadero valor de los objetos materiales y de conceptos estrechos sobre la felicidad. Los estímulos de los sentidos pueden derivar en sensaciones placenteras o no placenteras y, en consecuencia, estimulan el deseo o la aversión. Lo que a la larga refuerza la identidad de un yo.

Por ende, tales experiencias tienden a la subestimación de los medios que conducen a la felicidad, y nos encadenan a los objetos que consumimos-adquirimos, un grave error de percepción que desemboca en apego a los recuerdos de sensaciones placenteras y a idealizar la felicidad y el propósito de la existencia. De ahí la importancia del primer eslabón del Noble Óctuple Sendero: la visión correcta (sama-ditthi). Conforme a ésta, el individuo no se aferra a los objetos de los sentidos, situaciones, identidades, opiniones, y métodos que pueden permitirle la adquisición de éstos, ni al concepto de un yo que disfruta de su posesión y sufre por su incapacidad de adquirirlos.

En este orden, “ricos” y “pobres” reportaran el mismo nivel de felicidad… en un sentido más maduro, no dependiente de las circunstancias y libre de todo vicio. A eso nos motiva el Buddha, nos muestrra el camino y nos reta a practicarlo.

lunes, 14 de junio de 2010

Sobre el Budismo comprometido

Esta mañana he leído un artículo titulado "Un budismo transversal" [ver aquí], y por varios motivos me ha llamado la atención, motivo por el cual me animé a escribir aquí al respecto.
En primer lugar, es la afirmación de que el "movimiento" por el budismo comprometido se afirme como una postura innovadora en la que se anima a que el practicante participe activamente en todas las esferas de la sociedad y se oponga a las estructuras establecidas. Personalmente, no me parace "una postura innovadora" cuando se revisa un poco la historia del Budismo y su difusión por Oriente, no más con revisar atentamente la historia del Zen ya se tiene un buen ejemplo. No obstante, la oposición a las estructuras establecidas en las sociedades actuales tiene diferentes matices de interpretación. Todos, en mayor en menor grado, manifestamos oposición frente a lo que sucede en la actualidad con el mundo, ya sea en temas de política, economía o bienestar. ¿Pero cómo llevar una oposición desde el Budismo? Eso no me lo he planteado, reviste de una cuidadosa y estudiada respuesta.
En segundo lugar, no estoy de acuerdo con la afirmación de que las comunidades monásticas sean conformistas ante lo que pasa en el mundo. Y eso tiene que ver con los siguiente: la vida monástica es entendida como la vida santa, una vida dedicada al cultivo/desarrollo de aquellas cualidades que permiten alcanzar el Nibbana, y para eso se renuncia a la vida social, a la personalidad social del sujeto. Es una vida sagrada, es una vida dedicada a otra forma de servicio. Pero, ¿debería el monje participar activamente en la política? Yo no lo creo, de lo contrario el Buddha debió haber ejercido como rey cuando su padre murió. Y eso no sucedió. De lo anterior no se deriva que demerite la labor de los monjes en Birmania, Sri Lanka o Vietnam durante las últimas décadas,  pero son cosas diferentes. Sin embargo, hace dos semanas encontré en Facebook que unos monjes conocidos míos se estaban postulando para cargos políticos en su país. La sorpresa fue "mayúscula". Más aún cuando leía sus eslogan de campaña, "vote/apoye a quien está con el Buddha, por quien sabe de la mente de los hombres" (??). Sin comentarios adicionales.
En tercer lugar: "¿podemos hoy en día contentarnos con enseñar una religión cuando los hombres no comen cuando tienen hambre, no tienen techo o abrigo o no tienen acceso a la educación?" Esto ha sido desde muchos siglos. Podría explayarme acá sobre lo que el Buddha dice sobre las necesidades, pero lo dejaré para otro mensaje; por ahora, sólo diré lo siguiente: Nunca se ha pensado que la religión dé alimento y techo, sino que el hombre mismo ha de procurárselos, ¿cuál debería ser la actitud? La del esfuerzo por ayudarse y ayudar a otros... y eso no es nuevo, Buddha, Jesús, entre otros, lo señalaron en su prédica. Definitivamente no se trata de contentarse con enseñanzas espirituales, ni de contentarse con la beneficiosa situación propia, pero debemos establecer un medio entre capacidades, posibilidades y oportunidades. ¿Debemos salvar al mundo? No lo sé ¿Podemos contribuir a que el mundo sea un mejor lugar? Definitivamente sí. ¿Por dónde empezar? Por hacer de uno mismo un bien para los que le rodean. Y ahí ya hay mucho.
En cuarto lugar, considero que como practicantes del Buddhadhamma respondemos al sufrimiento del mundo, a todo el sufrimiento. No sólo se trata de resolver  la ignorancia, el deseo y la avidez. Estamos también en los problemas de las sociedades en las que vivimos porque hacemos parte de ellas. Resolvemos, participamos, comentamos, pensamos y, como diría un buen amigo, intentamos resolver el mundo de vez en cuando.
Finalmente, para aquellos que consideran que los monjes no se han movido dentro de este "movimiento" (disculpen la redundancia), ellos mismos han organizado conferencias internacionales que cubren estos y otros temas, aún más mundanos que su vocación y sus raíces. Ellos también observan al mundo, porque hacen parte de él.

jueves, 27 de mayo de 2010

Sobre el Vesakha

Mientras que hoy en el mundo Theravada celebramos el Vesak, o Visakha Puja, para los adeptos al Budismo Tibetano se trata de Saka Dawa (el mes de los méritos). Es sólo otro nombre para la misma celebración, que en este caso toma 15 días aproximadamente. Según los comentarios de Lama Zopa Rimpoché, en este día toda acción virtuosa realizada se multiplica por cien millones de veces, y claro, hay que seguir los ocho preceptos mahayana.
Pero desde mi posición como adepta theravada, el tema de las recitaciones y los méritos tan tentativamente multiplicados por 100.000.000 que se convierten en un riesgo de que las acciones perjudiciales también se le multipliquen por tantos ceros a la derecha... pues no me conmueve mucho.
Sin lugar a dudas, mayo es un mes muy especial para los budistas, pero para quien lleva al Buddha en el corazón todos los días son de mayo, todos son Vesakha, porque todos los días se tiene la oportunidad de regocijarse en haber encontrado a ese dhamma que es "bueno en el comienzo, bueno en el medio y bueno en el final" y vivirlo con verdadero compromiso. A esto nos animó el Buddha, a tomar sus enseñanzas y practicarlas con determinación y confianza... y quizá también con escepticismo, siempre atentos & siempre presentes.
Seguramente durante los dos próximos días encuentre miles de fotos sobre la celebración en el sureste asiático, pero la mayor alegría está en mi corazón, donde llevo al Buddha y su Dhamma.

domingo, 23 de mayo de 2010

Plegaria a mi misma...

Cultiva la serenidad para aceptar lo que no puedes cambiar,
desarrolla el valor para abandonar lo que ha de ser abandonado,
cultiva la sabiduría para discenir entre lo correcto y lo incorrecto,
desarrolla la paciencia para tolerar las debidlidades ajenas,
cultiva la compasión para afrontar las injusticias,
desarolla la valentía para afrontar las dificultades.

sábado, 17 de abril de 2010

De recuerdos y consolaciones inútiles no se vive

Todos en algún momento, y bajo variadas circunstancias, "volvemos a atrás" en nuestra mente. En un intento de "tomar aliento/fuerza/impulso" o como le queramos llamar, desatendemos el momento presente que no nos gusta por volver por cierto espacio de tiempo a lo que si nos gusta. Y claro, nos hacemos creer que no está mal vagar por nuestra memoria selectiva en 'lo agradable', y cultivamos la esperanza de volver a esos buenos tiempos.
¡Cuánto nos puede costar aceptar y avanzar!
¡Cuánto cuesta dejar pasar las cosas!
De cierta forma, estamos acostumbrados a "los pañitos de agua tibia", a las consolaciones que sabemos que no son útiles pero que las bebemos hasta la última gota con agrado... y hasta pedimos más. En ocasiones, nos comportamos como aquel niño que se cae y golpea la rodilla y llora para su madre venga a abrazarlo y cuidarle. No queremos que duela, pero miramos la herida para llorar y gritarle al mundo que nos duele. Pero, ¿acaso las heridas sanan con lágrimas?
La vida nos permite aprender diferentes formas de ser nuestro propio curandero, pero ejercer tal rol con destreza, en su defecto ponerlo en práctica, requiere que dejemos de lado nuestra "víctima interior", que llora a borbotones y se desgarra la ropa para que todos vean sus heridas. Debemos dejar de alimentar el ego autocompasivo que llora como bebé con hambre y pañales sucios... ufff, eso se puede demorar.
En fin, en ocasiones es bueno recibir un estacazo amigable que te devuelva al presente, a nuestro famoso y muy aclamado "aquí y ahora". Porque el pasado ha de ser un instrumento antes de un colchón; y el futuro... ¿quién sabe?