Hace 13 meses un monje amigo, respondió una inquietud alrededor de la perfección interior con una inesperada (en aquel entonces también inusual) sugerencia: debía leer sobre Madre Teresa de Calcuta, no sobre sus obras sino sobre ella. Para ser honesta, en aquel entonces no estaba segura de que mi amigo estuviese dándome una instrucción adecuada, definitivamente esperaba otro tipo de respuesta. Sin embargo, lo adecuado era ver si mi preconcepción era cierta además de dudar que existiera la posibilidad de encontrar algo con sus indicaciones. Dos meses después en una visita a una librería, sin siquiera tener en mente "el pendiente", encontré el libro perfecto.
Hasta hace 2 días estuve leyéndolo. Algunos meses fueron más propicios que otros para la lectura, pero con cada página afirmé lo pertinente y apropiada que fue la instrucción de mi amigo. Ha sido una lectura especial, de una manera que no la puedo describir con precisión. Hubo momentos inspiradores, otros de revelación, algunos de identificación y algunos otros que parecían traer una pequeña dosis de tranquilidad. En definitiva, me ha ayudado a orientarme sobre la manera en que debo mirarme hacia adentro, y ese ha sido quizá el mejor de los frutos.
En esta entrada me voy a centrar en sus palabras y alocuciones alrededor de la perfección interior. Dejaré para otro momento la importancia de la fe y el amor, la experiencia de la nada y el vacío, y la soledad.
Madre Teresa estuvo determinada a superar sus deficiencias mediante la mansedumbre y la humildad, así lo expresa su correspondencia con otros y su vida es muestra del éxito logrado a través de una rigurosa observancia. Según algunos pasajes referidos a sí misma, era muy exigente no sólo con ella misma sino con las demás, pero lo segundo era lo que le preocupaba pues temía perder la caridad y la cordialidad así como no llevar verdaderamente el amor de Jesús al prójimo. Nunca antes me había detenido a pensar y reflexionar alrededor de la mansedumbre, probablemente porque asociaba erroneamente su definición a otros términos.
La mansedumbre se entiende dentro de la teología cristiana como un estado de moderación de la irascibilidad. Se trata de una disposición y de un estado interior donde las emociones e impulsos son dominados de manera tal que se sobrellevan las situaciones con serenidad (diferente de pasividad e indiferencia). Implícita a ella está la paciencia, y si agregamos la humildad se tienen los pilares de una instrucción moral completa que, entendida desde un contexto adecuado, también es espiritual.
Nada de esto es diferente a lo explicado por Buddha. En el sexto verso del Mangala Sutta, Buddha se refiere a que khantii (paciencia) y subbaca (obediencia, mansedumbre) en el momento de practicar el Dhamma son una bendición. Amabas implican la tolerancia y la humildad, y se manifiestan como una actitud serena y de aceptación ecuánime que a la vez permiten que el discípulo sea instruido. Así pues, khantii es una de las perfecciones (paramita) que todo practicante del Buddha-Dhamma debe desarrollar en su camino al Nibbana y, por ende, amabas están vinculadas a la comprensión de la realidad de los fenómenos.
La vivencia de Madre Teresa se erige sobre los pilares de la unidad con Jesús, y de la aceptación y la obediencia a la voluntad de Dios. A esto sólo puedo referirme desde la posición según la cual la mansedumbre y la humildad son la base para vivir para el cumplimiento de tal propópsito. Pero también Madre Teresa buscaba perfeccionarse interiormente y estos dos eran el eje de su actuar. Su devoción y su determinación de no fallarle a su corazón, a su fe aún en momentos difíciles y dolorosos, siempre atenta de no errar, de no caer, de no permitirse debilidades perniciosas, es algo de admirar y de lo que pueden derivarse valiosos aprendizajes.
No estoy queriendo decir que lo que Buddha enseñó me resulte insuficiente, porque no es así. Sus palabras, tal como han sido recolectadas, son la luz que guía mis decisiones y mi actuar, pero la lectura sobre Madre Teresa pudo darme algo más de foco. Esto quizás se debe a que sus palabras están marcadas por detalles de su sentir íntimo y a que, de manera algo atrevida, he identificado parte de mi sentir con algunos de sus relatos. Pero esto también me devolvió a las palabras de Buddha, y a sus instrucción alrededor del "mirar dentro" (opanayiko) y cómo este es, inevitablemente, parte de la experiencia de seguir el Camino que enseñó y que exige, de la misma manera, una actitud de apertura, serenidad, disposición, auto-disciplina, compromiso y fe en sus palabras. Sólo así los frutos de su Camino, del Buddha-Dhamma, surgen y perduran.
miércoles, 17 de octubre de 2012
viernes, 11 de mayo de 2012
Las mujeres en el Budismo
Hace unos días, me preguntaron en una clase cuál es la mejor manera de aproximarse a las enseñanzas alrededor de las mujeres en el budismo siendo mujer. Debo precisar que esta pregunta provino de una aclaración previa en cuanto a que el budismo Theravada no se diferencia de otras ramas porque discrimine a las mujeres; el Buddha no rebajó, demeritó ni discriminó a las mujeres. Retomando la pregunta, mi respuesta fue clara: remitirse en las escrituras.
Como mujer practicante de las enseñanzas del Buddha durante los últimos 3 años he estado en contacto con monjes de diferentes países cuya posición en cuanto al lugar de las mujeres en el budismo oscila entre "dudoso" e "igualitario". Sus opiniones, en algunos casos, son heredadas de sus maestros así como también responden a la mentalidad de las sociedades a las que pertenecen. Si bien, ninguno de ellos ha llegado a manifestarme una opinión abiertamente discriminativa coloreada de sexismo, sí que he leído un par de ellas. Aunque es preciso aclarar, y quizá sea innecesario hacerlo, que éstas también responden a bagajes culturales heredados desde siglos atrás. Pero "siendo hija" de la lucha por la igualdad de derechos y los procesos de empoderamiento de la mujer, también tengo una respuesta derivada de tal herencia: llega a resultarme inaceptable, aunque también he procurado enterarme de sus argumentos y fundamente así como reconocer que desligarse de tales cargas culturales no es algo que se de con facilidad y que debe brotar no sólo en las mujeres, sino en la sociedad como conjunto. Esto podría dar para una larga disertación, pero mi propósito acá es otro.
Swarna De Silva, en su ensayo El lugar de las mujeres en el Budismo precisa que "la actitud del Buddha sobre el papel de las mujeres era progresista, incluso cuando se juzgue por los estándares de la edad moderna, no se debe pensar que todo está dicho sobre este tema en la escritura budista, incluso en el Canon Pali, [...]" así como apunta el más critico, pero a veces olvidado, de los hechos frente a las escrituras: "[...] la mayoría de estos trabajos fueron escritos varios siglos después del Parinibbâna del Buddha [...]". Para algunos, este comentario puede ser calificado de "progresista" (tal como lo hacen con aquellos que sostienen que la Biblia no debería tomarse como la palabra revelada por Dios). Más allá de estas aclaraciones, para la autora el Buddha formula con respecto a las mujeres (y la cuestión de género en sí misma) uj principio de no-dominancia que puede encontrase en las escrituras. En particular, las monjas iluminadas (Theris) recordadas en Canon Pali son la mejor muestra de la posición del Buddha en cuanto a la igualdad en su capacidad espiritual.
De otro lado, Heng-Ching Shih en su artículo Bikshunis chinas en la Tradición Ch'an afirma que la posición de la mujer en las escrituras Mahayana que mencionan a las mujeres puede clasificarse en cuantro categorías que van desde una actitud negativa hasta el reconocimiento de la mujer como eminentes Buddhas (aun cuando su trasfondo es el argumento de la no-dualidad que compete también al género).
Como mujer practicante de las enseñanzas del Buddha durante los últimos 3 años he estado en contacto con monjes de diferentes países cuya posición en cuanto al lugar de las mujeres en el budismo oscila entre "dudoso" e "igualitario". Sus opiniones, en algunos casos, son heredadas de sus maestros así como también responden a la mentalidad de las sociedades a las que pertenecen. Si bien, ninguno de ellos ha llegado a manifestarme una opinión abiertamente discriminativa coloreada de sexismo, sí que he leído un par de ellas. Aunque es preciso aclarar, y quizá sea innecesario hacerlo, que éstas también responden a bagajes culturales heredados desde siglos atrás. Pero "siendo hija" de la lucha por la igualdad de derechos y los procesos de empoderamiento de la mujer, también tengo una respuesta derivada de tal herencia: llega a resultarme inaceptable, aunque también he procurado enterarme de sus argumentos y fundamente así como reconocer que desligarse de tales cargas culturales no es algo que se de con facilidad y que debe brotar no sólo en las mujeres, sino en la sociedad como conjunto. Esto podría dar para una larga disertación, pero mi propósito acá es otro.
Swarna De Silva, en su ensayo El lugar de las mujeres en el Budismo precisa que "la actitud del Buddha sobre el papel de las mujeres era progresista, incluso cuando se juzgue por los estándares de la edad moderna, no se debe pensar que todo está dicho sobre este tema en la escritura budista, incluso en el Canon Pali, [...]" así como apunta el más critico, pero a veces olvidado, de los hechos frente a las escrituras: "[...] la mayoría de estos trabajos fueron escritos varios siglos después del Parinibbâna del Buddha [...]". Para algunos, este comentario puede ser calificado de "progresista" (tal como lo hacen con aquellos que sostienen que la Biblia no debería tomarse como la palabra revelada por Dios). Más allá de estas aclaraciones, para la autora el Buddha formula con respecto a las mujeres (y la cuestión de género en sí misma) uj principio de no-dominancia que puede encontrase en las escrituras. En particular, las monjas iluminadas (Theris) recordadas en Canon Pali son la mejor muestra de la posición del Buddha en cuanto a la igualdad en su capacidad espiritual.
De otro lado, Heng-Ching Shih en su artículo Bikshunis chinas en la Tradición Ch'an afirma que la posición de la mujer en las escrituras Mahayana que mencionan a las mujeres puede clasificarse en cuantro categorías que van desde una actitud negativa hasta el reconocimiento de la mujer como eminentes Buddhas (aun cuando su trasfondo es el argumento de la no-dualidad que compete también al género).
En todo caso, lo que debe permanecer en la mente de todos, más allá de lo que pueda leerse o interpretarse en las escrituras budistas sin importar la tradición a la que correspondan, es que la enseñanza del Buddha está abierta a todos, hombres y mujeres, y su fin último, el Nibbana, tampoco conoce de género.
sábado, 27 de agosto de 2011
Sobre el manejo de las emociones aflictivas
Durante esta semana y la anterior, asistí a una serie de charlas de la venerable Bhikshuni Tenzin Chokyi sobre el manejo de las emociones aflictivas.
En primer lugar, quiero decir que fue de gran alegría saber que había vuelto. La conocí hace dos años, y había mantenido en mi mente el recuerdo de una monja encantadora, con una sonrisa contagiable y gran sentido del humor. Volverla a ver, era una gran alegría, me llenaba de emoción tal oportunidad.
El tema en cuestión, llega en un momento de necesidad. A todos en algún momento de nuestra vida, se nos presenta una situación que parece que nos supera en el campo emocional, y que nos derrumba casi que literalmente. Asimismo, esto se conecta con la entrada anterior en este blog.
En general, las emociones son tenidas como reacciones internas a eventos externos. Pero solemos olvidar que ellas afectan directamente la manera en que percibimos los fenómenos, la realidad. De igual manera, nos debatimos entre una suerte de control sobre las mismas que oscila entre la negación o supresión y su explotación completa. Y según parece, ninguna de las dos es el camino seguro a la estabilidad emocional (al menos, desde la perspectiva budista).
El Buddha estableció diferencias entre las emociones; las emociones negativas, que son problemáticas (codicia, temor, ira...), que se convierten en impedimentos para una vida satisfactoria, nos alejan del progreso; y las emociones positivas, aquellas que nos inspiran hacia lo bueno, como la compasión. Dentro del budismo tibetano, se identifican 51 kilesas, de los cuales 26 negativos.
Antes de entrar a proveer "soluciones" o "guías de manejo", se debe entender la realidad de las emociones y el lugar que ocupan en nuestra vida diaria, pero aún más importante hay que divisar de donde provienen. En la medida en que atendemos a esto último, creamos espacio para tener en cuenta la dinámica de las emociones en las demás personas con las que interactuamos por cuanto cuando tratamos con personas, también lo hacemos con sus emociones/sentimientos. Este es el primer 'paso' desde la perspectiva budista, 'ser consciente de' la emoción que ha surgido. A partir de allí, el trabajo debe ser inductivo hacia atrás, es decir, explorar en nosotros en dirección la causa primaria.
Ajahn Brahmavamso decía en una charla, "Creamos fuego en nosotros, pero rara vez sabemos controlarlo", y luego añadía "Si en verdad queremos, podemos entrenarnos a nosotros mismos; no se trata de un ejercicio de la voluntad, sino de un camino de sabiduría, se trata de ver de dónde provienen las emociones, de observar la causa donde se forjan y detenerlas temprano. Antes de que el fuego este consumiendo el bosque completo".
Una vez se ha llegado a este punto, el paso siguiente es la transformación interior. Ya sea de que se trata de un ejercicio de recordamiento que fortalezca nuestro entrenamiento o de la eliminación de la causa primaria, es importante no dar paso a las reacciones forjadas en la desesperación, la exaltación o la agitación, porque lo único que resulta de ello es un ego que actúa como perro rabioso... y nada aporta a superar la situación y al trascender de esas emociones a nivel personal, sin contar que podemos lastimar a otros en ese ejercicio.
Asimismo, tenemos la impresión de que, en ocasiones, las emociones surgen repentinamente y escapan a nuestro control, pero esto no es algo que suceda de manera tan estricta. Sencillamente, hemos dirigido nuestra atención fuera de nosotros mismos, por lo que cuando la emoción surge encuentra vía libre para salir a flote como venga. Una vez hemos perdido de vista el surgimiento de la emoción, se nos escapa la manera de lidiar con ella hábilmente. Así que su fuerza nos consume como un gran fuego.
Pero hay algo que estamos dejando de lado acá... que quizá se constituya como una de las preguntas más importantes que deberíamos hacernos permanentemente, ¿por qué creamos dolor para nosotros mismos? Emociones como la ira, el miedo o el odio, no pueden calificarse como placenteras... entonces ¿qué es lo que estamos haciendo y creando cuando las albergamos en la mente? La Venerable Tenzin decía algo muy importante a este respecto: "La manera en que definimos la felicidad suele afectar la manera en que percibimos y nos sentimos… inclusive nuestra adicción hacia cierto tipo de emociones".
Esto me recuerda la conversación con un amigo, quien comentaba que algunas personas justifican la sensación de dolor/sufrimiento casi permanentemente como criterio para la felicidad, es decir, su felicidad adquiere valor en función del dolor/sufrimiento experimentado previamente. Eso, casi los convierte en personas adictas al dolor, al grado de destruirse en términos emocionales y perderse en ello sin control alguno. Entonces, en ese punto, ya no se ve posible la más reducida de las emociones placenteras. Confieso que al comienzo me parecía extraña (casi algo de no creer) que pudiera darse, pero con el pasar de los días, fui dándome cuenta de que no se requiere estar fuera de los cabales para tal cosa. Incluso, yo misma había llegado a justificar las alegrías en función de sufrimientos anteriores... y me pareció perturbador el panorama.
Si bien las emociones negativas se relacionan con la primera noble verdad, nuestra actitud hacia ellas debe asentarse sobre la cuarta noble verdad, en especial con el segundo factor (recta intención o resolución). Cada vez que pensamos negativamente, damos paso a una emoción negativa. De ahí que andemos de un lado para otro con este tipo de emociones, como quien carga una bolsa con piedras a donde quiera que vaya. La propuesta que se hace acá es soltar, dejar ir, o como se prefiera llamarle al hecho de detener la agregación de negatividad a cada momento que experimentamos. No se trata de acabar con las emociones en general, sino de disolver con las condiciones internas que sirven de caldo de cultivo para las aflicciones emocionales, y que por mucho obstruyen nuestro camino hacia la liberación final.
Termino con una frase de la Venerable Tenzin Chokyi: "La meditación no debe convertirse en un ‘descanso’ de la rutina diaria, sino en el momento en el que toman/determinan las herramientas para transformar el resto del día".
En primer lugar, quiero decir que fue de gran alegría saber que había vuelto. La conocí hace dos años, y había mantenido en mi mente el recuerdo de una monja encantadora, con una sonrisa contagiable y gran sentido del humor. Volverla a ver, era una gran alegría, me llenaba de emoción tal oportunidad.
El tema en cuestión, llega en un momento de necesidad. A todos en algún momento de nuestra vida, se nos presenta una situación que parece que nos supera en el campo emocional, y que nos derrumba casi que literalmente. Asimismo, esto se conecta con la entrada anterior en este blog.
En general, las emociones son tenidas como reacciones internas a eventos externos. Pero solemos olvidar que ellas afectan directamente la manera en que percibimos los fenómenos, la realidad. De igual manera, nos debatimos entre una suerte de control sobre las mismas que oscila entre la negación o supresión y su explotación completa. Y según parece, ninguna de las dos es el camino seguro a la estabilidad emocional (al menos, desde la perspectiva budista).
El Buddha estableció diferencias entre las emociones; las emociones negativas, que son problemáticas (codicia, temor, ira...), que se convierten en impedimentos para una vida satisfactoria, nos alejan del progreso; y las emociones positivas, aquellas que nos inspiran hacia lo bueno, como la compasión. Dentro del budismo tibetano, se identifican 51 kilesas, de los cuales 26 negativos.
Antes de entrar a proveer "soluciones" o "guías de manejo", se debe entender la realidad de las emociones y el lugar que ocupan en nuestra vida diaria, pero aún más importante hay que divisar de donde provienen. En la medida en que atendemos a esto último, creamos espacio para tener en cuenta la dinámica de las emociones en las demás personas con las que interactuamos por cuanto cuando tratamos con personas, también lo hacemos con sus emociones/sentimientos. Este es el primer 'paso' desde la perspectiva budista, 'ser consciente de' la emoción que ha surgido. A partir de allí, el trabajo debe ser inductivo hacia atrás, es decir, explorar en nosotros en dirección la causa primaria.
Ajahn Brahmavamso decía en una charla, "Creamos fuego en nosotros, pero rara vez sabemos controlarlo", y luego añadía "Si en verdad queremos, podemos entrenarnos a nosotros mismos; no se trata de un ejercicio de la voluntad, sino de un camino de sabiduría, se trata de ver de dónde provienen las emociones, de observar la causa donde se forjan y detenerlas temprano. Antes de que el fuego este consumiendo el bosque completo".
Una vez se ha llegado a este punto, el paso siguiente es la transformación interior. Ya sea de que se trata de un ejercicio de recordamiento que fortalezca nuestro entrenamiento o de la eliminación de la causa primaria, es importante no dar paso a las reacciones forjadas en la desesperación, la exaltación o la agitación, porque lo único que resulta de ello es un ego que actúa como perro rabioso... y nada aporta a superar la situación y al trascender de esas emociones a nivel personal, sin contar que podemos lastimar a otros en ese ejercicio.
Asimismo, tenemos la impresión de que, en ocasiones, las emociones surgen repentinamente y escapan a nuestro control, pero esto no es algo que suceda de manera tan estricta. Sencillamente, hemos dirigido nuestra atención fuera de nosotros mismos, por lo que cuando la emoción surge encuentra vía libre para salir a flote como venga. Una vez hemos perdido de vista el surgimiento de la emoción, se nos escapa la manera de lidiar con ella hábilmente. Así que su fuerza nos consume como un gran fuego.
Pero hay algo que estamos dejando de lado acá... que quizá se constituya como una de las preguntas más importantes que deberíamos hacernos permanentemente, ¿por qué creamos dolor para nosotros mismos? Emociones como la ira, el miedo o el odio, no pueden calificarse como placenteras... entonces ¿qué es lo que estamos haciendo y creando cuando las albergamos en la mente? La Venerable Tenzin decía algo muy importante a este respecto: "La manera en que definimos la felicidad suele afectar la manera en que percibimos y nos sentimos… inclusive nuestra adicción hacia cierto tipo de emociones".
Esto me recuerda la conversación con un amigo, quien comentaba que algunas personas justifican la sensación de dolor/sufrimiento casi permanentemente como criterio para la felicidad, es decir, su felicidad adquiere valor en función del dolor/sufrimiento experimentado previamente. Eso, casi los convierte en personas adictas al dolor, al grado de destruirse en términos emocionales y perderse en ello sin control alguno. Entonces, en ese punto, ya no se ve posible la más reducida de las emociones placenteras. Confieso que al comienzo me parecía extraña (casi algo de no creer) que pudiera darse, pero con el pasar de los días, fui dándome cuenta de que no se requiere estar fuera de los cabales para tal cosa. Incluso, yo misma había llegado a justificar las alegrías en función de sufrimientos anteriores... y me pareció perturbador el panorama.
Si bien las emociones negativas se relacionan con la primera noble verdad, nuestra actitud hacia ellas debe asentarse sobre la cuarta noble verdad, en especial con el segundo factor (recta intención o resolución). Cada vez que pensamos negativamente, damos paso a una emoción negativa. De ahí que andemos de un lado para otro con este tipo de emociones, como quien carga una bolsa con piedras a donde quiera que vaya. La propuesta que se hace acá es soltar, dejar ir, o como se prefiera llamarle al hecho de detener la agregación de negatividad a cada momento que experimentamos. No se trata de acabar con las emociones en general, sino de disolver con las condiciones internas que sirven de caldo de cultivo para las aflicciones emocionales, y que por mucho obstruyen nuestro camino hacia la liberación final.
Termino con una frase de la Venerable Tenzin Chokyi: "La meditación no debe convertirse en un ‘descanso’ de la rutina diaria, sino en el momento en el que toman/determinan las herramientas para transformar el resto del día".
martes, 7 de junio de 2011
Una lectura reveladora...
He terminado de leer La canción de la Libertad de Ani Choying Drolma. En lo personal, ha sido una lectura agradable, instructiva, emotiva... revitalizante y reveladora, especialmente. Si bien, el libro trata de la historia de esta Ani-la, parte de su historia también ha sido la mía; así como algunas de sus motivaciones.
Solía pensar que resolver el dolor y el resentimiento que siento ante aquellos que durante mucho tiempo me lastimaron, era una tarea que me sobrepasaría por varios años. Cada intento, resultaba fallido a los pocos meses. Fallaba algo que no veía con claridad, y explotaba. Así que cargaba invisiblemente con esas sensaciones. Con ellas me iba a la cama, ellas me asaltaban durante las meditaciones una y otra vez... lo cual aumentaba la frustración y el resentimiento. Era, o debería decir soy, presa de mis emociones y mis recuerdos, como un bucle alimentado constantemente.
Así que a medida que he estado leyendo, he encontrado "píldoras" para las emociones destructivas con las que cargo. Y si, intentaba 'curarme' de ello, creando causas para que se repitieran esas situaciones que no quería volver a repetir. ¡Vaya manera de crear buenas semillas en la vida!
La primera ventana que se abrió en el cuarto oscuro de mis emociones, fue dejar el resentimiento asentado en el dolor cambiando la percepción que tenía sobre los demás. Es un reto personal que tengo en desarrollar la compasión. De igual manera, aunque he tenido claro que no quiero tener con los demás las actitudes por las que pasé, debo esforzarme en mantenerme sobre las buenas cualidades. "Da, si no deseas tomar nada de ellos"... pero hay que dar las buenas cosas que se tienen.
La segunda es reconocer que he sido injusta al ser parcial en mi visión sobre los demás. A veces, por diferentes motivos, tendemos a acentuar lo que nos disgusta de alguien y 'olvidamos' que también se han hecho cosas buenas. Así como solemos hacer lo contrario, sólo que esto no lo vemos claramente como 'injusto'. Así que bueno, esto ha sido como cambiar la bombilla gastada de la habitación... algo se ve con mayor claridad, pero aún debo esforzarme porque sea algo permanente.
La tercera ventana abierta, tiene que ver con la primera verdad noble proclamada por el Buddha. No llevo mucho tiempo en este camino, pero llegué a él porque confío en su propuesta, acepto esa invitación implícita a salir de este ciclo por tí mismo mediante el reconocimiento progresivo de la realiad de la existencia. El reconocimiento de una existencia insatisfactoria, no deriva caer en desesperación, tristeza, ni nada que se parezca, por ello las cuatro verdades nobles deben leerse en conjunto. El sufrimiento no es fuego que debe avivarse, sino todo lo contrario; y, al igual que la felicidad, está en todas partes. Es imposible evitar que ocurra una desgracia o una contrariedad. Pero en cambio, podemos escoger la manera de asumirlo.
A veces, cuando sueño, me doy cuenta de que estoy soñando y naturalmente no me tomo en serio mi sueño. Con el sufrimiento hay que hacer lo mismo. Uno cree sufrir, pero también puede encontrar razones para ser dichoso. Basta con tomar conciencia. Hay que ser equitativo con la vida: no ver solamente lo que nos ha quitado, sino todo lo que nos da.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Sufrimiento vs. Desdicha
He estado leyendo el libro de Matthieu Ricard "En defensa de la felicidad". Nada mal para mi gusto, pero las apreciaciones budistas merecen un par de comentarios-correcciones desde el budismo Theravada. Pero de eso no voy a hablar acá.
Entrando en materia, en uno de los apartados de su libro menciona acertadamente lo siguiente: "El sufrimiento se padece, pero la desdicha se crea". Más adelante precisa: " Otra cosa es la desdicha, es decir, la forma en que vivimos esos sufrimientos." ¡Un punto para el monje!
Creo que en el proceso de reconocer el sufrimiento [dukkha] como parte de la existencia (primera verdad noble), podríamos estar usando excesivamente la etiqueta genérica "sufrimiento" para denotar nuestros pareceres. Si bien podría desvanecerse la diferencia al pensar en términos de insatisfacción, sea por causas externas o percepciones personales, cuando "no X me gusta" pues X es una fuente de sufrimiento para mí. Pero si nos quedamos ahí, pues sólo vamos a marear al perdiz... y quien sabe si no terminaremos en el fatalismo (o algún estado dramático).
No obstante, la distinción puede llegar a ser bastante útil si la usamos para liberarnos de o eliminar ese ego caprichoso que cultivamos, para aprender a tomar distancia de las situaciones, observarlas y sobreponernos a ellas con entereza y libertad (porque si nos "pica" algo, de alguna arista lo estamos arrastrando). Aprender a ver, a contemplar la realidad requiere de un entrenamiento gradual y constante en donde reconocemos cada uno de los aspectos de esta existencia y de las ilusiones derivadas de nuestra percepción. No se trata de dejar de sentir o no tener ideas, ni mucho menos perder el criterio sobre lo hábil y no-hábil; pero sentirnos insatisfechos y sufrientes ante cada situación que se presente es una clara muestra de que anterior a aceptar lo que sucede, decidimos (consciente o inconscientemente) darnos golpes con algún palo de rosa con espinas.
Cuando el Buddha habla sobre dukkha (insatisfacción/sufrimiento) en la primera verdad noble, no nos deja ahí "sin más"; por el contrario existen tres verdades nobles más., y en la última bosqueja el camino a seguir para superar dukkha como característica de la existencia. Así pues, tal (re)acción antes que alinearnos con el Nibbana, nos hunde en el samsara y alimenta la (ya) distorsionada percepción de la realidad que traemos. Como suele decirse con frecuencia cuando se habla sobre la felicidad: "en nosotros está la fuente de la felicidad y de la mayor desdicha", la pregunta es: ¿hacia qué lado nos queremos inclinar y hacia qué lado en verdad nos inclinamos?
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