domingo, 19 de diciembre de 2010

Sufrimiento vs. Desdicha

He estado leyendo el libro de Matthieu Ricard "En defensa de la felicidad". Nada mal para mi gusto, pero las apreciaciones budistas merecen un par de comentarios-correcciones desde el budismo Theravada. Pero de eso no voy a hablar acá.

Entrando en materia, en uno de los apartados de su libro menciona acertadamente lo siguiente: "El sufrimiento se padece, pero la desdicha se crea". Más adelante precisa: " Otra cosa es la desdicha, es decir, la forma en que vivimos esos sufrimientos." ¡Un punto para el monje!

Creo que en el proceso de reconocer el sufrimiento [dukkha] como parte de la existencia (primera verdad noble), podríamos estar usando excesivamente la etiqueta genérica "sufrimiento" para denotar nuestros pareceres. Si bien podría desvanecerse la diferencia al pensar en términos de insatisfacción, sea por causas externas o percepciones personales, cuando "no X me gusta" pues X es una fuente de sufrimiento para mí. Pero si nos quedamos ahí, pues sólo vamos a marear al perdiz... y quien sabe si no terminaremos en el fatalismo (o algún estado dramático).

No obstante, la distinción puede llegar a ser bastante útil si la usamos para liberarnos de o eliminar ese ego caprichoso que cultivamos, para aprender a tomar distancia de las situaciones, observarlas y sobreponernos a ellas con entereza y libertad (porque si nos "pica" algo, de alguna arista lo estamos arrastrando). Aprender a ver, a contemplar la realidad requiere de un entrenamiento gradual y constante en donde reconocemos cada uno de los aspectos de esta existencia y de las ilusiones derivadas de nuestra percepción. No se trata de dejar de sentir o no tener ideas, ni mucho menos perder el criterio sobre lo hábil y no-hábil; pero sentirnos insatisfechos y sufrientes ante cada situación que se presente es una clara muestra de que anterior a aceptar lo que sucede, decidimos (consciente o inconscientemente) darnos golpes con algún palo de rosa con espinas.

Cuando el Buddha habla sobre dukkha (insatisfacción/sufrimiento) en la primera verdad noble, no nos deja ahí "sin más"; por el contrario existen tres verdades nobles más., y en la última bosqueja el camino a seguir para superar dukkha como característica de la existencia. Así pues, tal (re)acción antes que alinearnos con el Nibbana, nos hunde en el samsara y alimenta la (ya) distorsionada percepción de la realidad que traemos.

Como suele decirse con frecuencia cuando se habla sobre la felicidad: "en nosotros está la fuente de la felicidad y de la mayor desdicha", la pregunta es: ¿hacia qué lado nos queremos inclinar y hacia qué lado en verdad nos inclinamos?

sábado, 25 de septiembre de 2010

Hacer milagros

Veía una publicidad que rezaba lo siguiente: "Los milagros existen y TÚ TIENES DERECHO a saber cómo obrarlos en tu vida". Y la pregunta que me queda es "¿a qué le llaman milagro?". No es que desconozca la respuesta, sencillamente me cuestiona que los busquemos tan afanosamente, especilamente en momentos ddifíciles, y que no nos reconozcamos como artífices de la existencia que disfrutamos.
Como reza una frase "Personaje extraño es el hombre: nacer no pide, vivir no sabe, morir no quiere", pero me atrevo a decir que si pedimos vivir, siempre que busquemos una salida a la existencia que nos produce sufrimiento. Y no es para tomarlo en términos fatalistas, no estoy derivando una igualdad entre vida y sufrimiento… la vida del Buddha es un ejemplo claro de lo que digo: una vez alcanzó el Nibbana no se suicidó... ¿verdad que no, muchachos?
Pero vivir no sabemos, la vida se ha convertido en la experiencia de un procedimiento socialmente aceptado y alimentado sobre lo que es, debería ser y nos toca hacer... fatal error para aquellos que buscan y los que se han hundido en la frustración de la búsqueda. Vida la que tienes y se te esfuma, la nunca atrapas aunque la llevas a cuesta... vivir: una experiencia.
Volviendo a los milagros... ¿qué es lo que queda? Martillo y cincel para obrarse, perfeccionarse… o hacerse una cueva para encerrase si es lo que mejor os parece. Pero ¡hacé algo! Aunque eso se limite a observar… hazlo con prontitud, rectitud y sentido. Obra en tu vida, como artista y obra.
Por tanto, lo "milagroso" y hasta "fantástico" de todo esto es que estamos acá, en la simplicidad disfrazada de existencia complejidad. Qué importa que no riamos en tiempos de desdicha, si al menos no lloráramos por su presencia. Al mal tiempo buenca cara, y al buen tiempo... ¡también! Aceptar y avanzar, antes que resignarse y esperar.
Milagros, milagros, milagros.... ¿dónde estás, Milagros? :-D

viernes, 3 de septiembre de 2010

Una breve exposición sobre el deseo

Esta es la primera de algunas notas que haré a partir de lo que estudio para un artículo que estoy haciendo. Espero que a algunos les resulte provechoso.

En pali se tienen dos términos para hablar del deseo: tanhā (literalmente sed) y chanda. El primero siempre se usa para designar el deseo no-hábil, es la segunda noble verdad, la causa de la insatisfacción (sufrimiento). De este se derivan tres clasificaciones: por los placeres sensuales (kamatanhā), por la existencia (bahvatanhā) y por la no-existencia (vibhavatanhā) (Ver: SN 56,11 Dhammacakkappavattana Sutta; MN 44 Culavedalla Sutta y SN 22.22 Bhara Sutta). Bhavatanha es, junto con la ignorancia, la raíz del nacimiento y la muerte (Cf. AN 10.61 y 10.62 [aquí sección 25). En el Mahadukkhakkhandha Sutta (MN 13) el Buddha vincula los placeres sensuales con cada uno de los (seis) sentidos y advierte los peligros vinculados a ellos, resumidos en la siguiente exposición en el Mahanidana Sutta (DN 15):
“Así que, Ananda, la sensación condiciona la avidez, la avidez condiciona la búsqueda, la búsqueda condiciona la adquisición, la adquisición condiciona la toma de decisión, la toma de decisión condiciona el deseo impetuoso, el deseo impetuoso condiciona el apego, el apego condiciona el posesionamiento, el posesionamiento condiciona la avaricia, la avaricia condiciona la protección, y por causa de tomar la protección surgen varias situaciones perjudiciales, como tomar palos y espadas, provocar grescas, disputas, conflictos, acusaciones, abusos y mentiras”.
Chanda, sin embargo, no tiene un significado ético definido. Tal como la palabra deseo en español, que puede ser hábil o no-háil. Por tanto, chanda puede usarse como sinónimo de tanha, especialmente cuando se une a 'kama' o 'raga' para formar 'kamacchanda' (deseo sensual) o 'raggacchanda' (lujuria y deseo). Pero existen significaciones positivas para este término. Asi, cuando el Buddha explica el esfuerzo correcto, afirma que uno debe generar el deseo por abandonar los estados mentales no-hábiles así como desarrollar y cultivar los estados mentales hábiles. En la fórmula de las cuatro bases de poder espiritual (iddhipada), el primero es chanda: un monje desarrolla iddhipada mediante el deseo (chan'iddhipada), etc. De esta forma, chanda es el deseo por alcanzar objetivos positivos, el deseo de desarrollarse, el deseo de alcanzar samadhi y entendimiento, el deseo de cortar con las impurezas, el deseo por alcanzar la liberación.
No obstante, en la literatura abhidhammica chanda es tomado en un sentido negativo al considerarse como sinónimo de lobha (avidez). En el sentido positivo, es un estado mental diferente llamado kusalacchanda (deseo hábil) o katukamyata (deseo por hacer algo positivo).
Por tanto, mientras tanto tanha es siempre una cualidad no-hábil que debe ser eliminada, chanda puede ser hábil o no-hábil. Como una cualidad negativa, es casi siempre equivalente a tanha y, por consiguiente, debe ser abandonado; pero como una cualidad positiva debe ser fortalecida y desarrollada.

domingo, 22 de agosto de 2010

Comentario a propósito sobre la felicidad

Un artículo que leía hace un rato se titulaba "La felicidad si se compra" (ver aquí), cuyo resumen decía "Recientes estudios demuestran que el dinero por sí solo no garantiza la satisfacción plena. La clave para conseguirla es la forma como se gasta". Demos un paso atrás, ¿de dónde ha salido la idea que el la acumulación material es la fuente de la felicidad? Hasta donde mi entender, ese es el discurso económico que buscaba inspirar a las naciones industriales al desarrollo de "su poderío económico"... se prometía que todas las ventajas productivas adquiridas con la revolución industrial, ahora serían afianzadas en pro del crecimiento económico, de la riqueza... de la felicidad. Claro, desde el siglo XVII ya venían con el cuento de la riqueza y el poder comercial. Así que la idea no es muy novedosa, sólo se rellenado y alterado con el paso del tiempo y el desarrollo de las sociedades. Si en los siglos XVII y XVIII (por no decir, desde muuucho antes) se pensaba en términos colectivos, el tiempo y el desarrollo industrial han llevado tal ideal a términos individuales, e inclusive, egoístas. Si antes se tomaban por ideal la felicidad de todos, el bienestar general... ahora pensamos "mi felicidad", "ser feliz yo"

Retomando el artículo, en el primer párrafo se afirma: "(...) en la práctica los estudios demuestran que el nivel de felicidad de los ricos no es mucho más alto que el de los más pobres". Esta sentencia puede entenderse en dos direcciones: a) los "ricos" pueden estar en grados casi similares de insatisfacción que los "pobres"; b) los "pobres" se sienten casi igual de satisfechos que los "ricos". Y ambas se pueden pensar por cuanto las medidas sobre felicidad suelen formularse o bien en términos positivos (satisfacción) o en términos negativos (insatisfacción). Y cabe la aclaración: no pueden interpretarse sus resultados como equivalentes.

Entonces, ¿qué determina que un grupo, o individuo sea se considere "más feliz"? Según el artículo, la respuesta está en cómo se invierten los ingresos, específicamente, en la "adquisición" de experiencias, no en objetos. Con respecto a esto, los estudios sociológicos sobre el consumo señalan al unísono: la sociedad moderna ya no vende simples productos, sino que ofrece experiencias, identidades, ideales, y sueños. Entonces, la diferencia no es tan significativa como se piensa. Bajo el escenario donde "todo" es comercializable", la diferencia entre pagar por un evento y por un objeto se reduce a ser sujeto activo o pasivo y la duración del consumo, pero ambos se entienden como productos en el mercado.

Ahora bien, entremos en el terreno espiritual. El Buddha reconoció la felicidad que podía derivarse de los objetos sensuales (kamasukha o samisasukha), pero animó a todos a la consecución de un nivel "superior": vimuttisukha, la felicidad independiente de los objetos sensuales, ligada a niramisasukha. No obstante, el Buddha habla sobre la felicidad (mundana) que puede derivarse de la riqueza, la libertad de deudas, el trabajo, la seguridad económica y la generosidad (Ver: AN 4.60 Gihisāmīci Sutta, AN 8.54 Vyagghapajja (Dighajanu) Sutta, AN 8. 55 Ujjaya Sutta).

En esta dirección, el punto de partida para entender porque “ricos” y “pobres” pueden tener niveles similares de “felicidad”, es la comprensión de dukkha y su causa: el deseo producto de la ignorancia. Una ignorancia basada en la escaza comprensión sobre el verdadero valor de los objetos materiales y de conceptos estrechos sobre la felicidad. Los estímulos de los sentidos pueden derivar en sensaciones placenteras o no placenteras y, en consecuencia, estimulan el deseo o la aversión. Lo que a la larga refuerza la identidad de un yo.

Por ende, tales experiencias tienden a la subestimación de los medios que conducen a la felicidad, y nos encadenan a los objetos que consumimos-adquirimos, un grave error de percepción que desemboca en apego a los recuerdos de sensaciones placenteras y a idealizar la felicidad y el propósito de la existencia. De ahí la importancia del primer eslabón del Noble Óctuple Sendero: la visión correcta (sama-ditthi). Conforme a ésta, el individuo no se aferra a los objetos de los sentidos, situaciones, identidades, opiniones, y métodos que pueden permitirle la adquisición de éstos, ni al concepto de un yo que disfruta de su posesión y sufre por su incapacidad de adquirirlos.

En este orden, “ricos” y “pobres” reportaran el mismo nivel de felicidad… en un sentido más maduro, no dependiente de las circunstancias y libre de todo vicio. A eso nos motiva el Buddha, nos muestrra el camino y nos reta a practicarlo.

lunes, 14 de junio de 2010

Sobre el Budismo comprometido

Esta mañana he leído un artículo titulado "Un budismo transversal" [ver aquí], y por varios motivos me ha llamado la atención, motivo por el cual me animé a escribir aquí al respecto.
En primer lugar, es la afirmación de que el "movimiento" por el budismo comprometido se afirme como una postura innovadora en la que se anima a que el practicante participe activamente en todas las esferas de la sociedad y se oponga a las estructuras establecidas. Personalmente, no me parace "una postura innovadora" cuando se revisa un poco la historia del Budismo y su difusión por Oriente, no más con revisar atentamente la historia del Zen ya se tiene un buen ejemplo. No obstante, la oposición a las estructuras establecidas en las sociedades actuales tiene diferentes matices de interpretación. Todos, en mayor en menor grado, manifestamos oposición frente a lo que sucede en la actualidad con el mundo, ya sea en temas de política, economía o bienestar. ¿Pero cómo llevar una oposición desde el Budismo? Eso no me lo he planteado, reviste de una cuidadosa y estudiada respuesta.
En segundo lugar, no estoy de acuerdo con la afirmación de que las comunidades monásticas sean conformistas ante lo que pasa en el mundo. Y eso tiene que ver con los siguiente: la vida monástica es entendida como la vida santa, una vida dedicada al cultivo/desarrollo de aquellas cualidades que permiten alcanzar el Nibbana, y para eso se renuncia a la vida social, a la personalidad social del sujeto. Es una vida sagrada, es una vida dedicada a otra forma de servicio. Pero, ¿debería el monje participar activamente en la política? Yo no lo creo, de lo contrario el Buddha debió haber ejercido como rey cuando su padre murió. Y eso no sucedió. De lo anterior no se deriva que demerite la labor de los monjes en Birmania, Sri Lanka o Vietnam durante las últimas décadas,  pero son cosas diferentes. Sin embargo, hace dos semanas encontré en Facebook que unos monjes conocidos míos se estaban postulando para cargos políticos en su país. La sorpresa fue "mayúscula". Más aún cuando leía sus eslogan de campaña, "vote/apoye a quien está con el Buddha, por quien sabe de la mente de los hombres" (??). Sin comentarios adicionales.
En tercer lugar: "¿podemos hoy en día contentarnos con enseñar una religión cuando los hombres no comen cuando tienen hambre, no tienen techo o abrigo o no tienen acceso a la educación?" Esto ha sido desde muchos siglos. Podría explayarme acá sobre lo que el Buddha dice sobre las necesidades, pero lo dejaré para otro mensaje; por ahora, sólo diré lo siguiente: Nunca se ha pensado que la religión dé alimento y techo, sino que el hombre mismo ha de procurárselos, ¿cuál debería ser la actitud? La del esfuerzo por ayudarse y ayudar a otros... y eso no es nuevo, Buddha, Jesús, entre otros, lo señalaron en su prédica. Definitivamente no se trata de contentarse con enseñanzas espirituales, ni de contentarse con la beneficiosa situación propia, pero debemos establecer un medio entre capacidades, posibilidades y oportunidades. ¿Debemos salvar al mundo? No lo sé ¿Podemos contribuir a que el mundo sea un mejor lugar? Definitivamente sí. ¿Por dónde empezar? Por hacer de uno mismo un bien para los que le rodean. Y ahí ya hay mucho.
En cuarto lugar, considero que como practicantes del Buddhadhamma respondemos al sufrimiento del mundo, a todo el sufrimiento. No sólo se trata de resolver  la ignorancia, el deseo y la avidez. Estamos también en los problemas de las sociedades en las que vivimos porque hacemos parte de ellas. Resolvemos, participamos, comentamos, pensamos y, como diría un buen amigo, intentamos resolver el mundo de vez en cuando.
Finalmente, para aquellos que consideran que los monjes no se han movido dentro de este "movimiento" (disculpen la redundancia), ellos mismos han organizado conferencias internacionales que cubren estos y otros temas, aún más mundanos que su vocación y sus raíces. Ellos también observan al mundo, porque hacen parte de él.